13 agosto, 2010

Dos vistas.

Tengo miedo de equivocarme al sentir distinto. Ésto es nuevo para mí y, sin embargo, me siento tan dentro, que puedo adivinar los movimientos de mi cuerpo. Ya no me guía el corazón, me lleva la razón, la cabeza, mis ideas. Quiero vivir un futuro en el que sólo existo yo. No imagino personas a mi lado porque todo cambia, todo se transforma. Por eso procuro no mirar adelante, tampoco atrás. Las dos vistas, aunque preciosas, duelen.

Futuro.

Te cansarás de no oír palabras bonitas. Te abrumará el no volver a vivir despedidas románticas y estúpidos besos al final de cada día. Siento mucho no ser como antes. He cambiado, y no voy a hacer nada por regresar al pasado. Ya no quiero callarme nada, no ahora, que tengo demasiado que decir. Poseo todo el tiempo del mundo que me quede hoy para vivir lo que no haré mañana. Puede que, para ti, esté metida hasta dentro en un futuro; sin embargo, opino que eres tú el que tenía los pies encima de él. De otra manera distinta a la mía. Para variar, claro.

Andrea.

Las palomas salieron volando mientras yo miraba la fuente. Con aire melancólico, me levanté. Había dejado las ganas de esperar metidas en el agua, y mi orgullo había salido disparado junto a mi dignidad. Aunque me sentía más fuerte que nunca, en las mejores condiciones para abandonar ese estado bucólico y triste, para apartar la nube de negrura que cubría mi cuerpo y pesaba, agaché la cabeza y comencé a andar. Caminé durante un buen rato hasta llegar a un café escondido, que conocía muy poca gente en la ciudad. Allí me encontré con mi otro yo, con la persona más extraña y optimista que había conocido jamás.

Miedo a estar sola.

Creo que no me permito dejarte por el tiempo, porque ya no sé qué hacer sin ti. Sin embargo, me siento egoísta al querer retenerte junto a mí sin ni siquiera sentir más que ayer y menos que mañana. Lo siento. Porque sé que es sólo por el miedo a estar sola, a no encontrar a nadie, a buscarte en otra cama.

Cánsate.

Algún día te cansarás de luchar, de levantarte del suelo y seguir pegándote contra las paredes por mí. Llegará un minuto en el que tu cabeza empiece a llevarse por lo que ella manda y no lo que tu corazón le dicta. Te preguntarás qué haces conmigo, por qué me quieres si sólo consigo hacerte daño. Cánsate. Lárgate y no vuelvas.

02 agosto, 2010

You're not beautiful.

Te miras al espejo y ves un gran error. Un cuerpo horrible y un alma que está lejos de estar limpia. No te sientes bien contigo mismo y te sacas mil errores. Te observas desde todas las posiciones y ángulos posibles, pero continúas creyendo que, quizás, sería mejor quitarte de delante del objeto que te refleja; sin embargo, hay algo en él que te atrae y te hace pensar sobre tu inferioridad ante los demás, sobre las estupideces que cometiste comiendo un poco de más. No hay nada en el armario que te siente bien, ni siquiera lo nuevo te pega con tu forma ahora. Tras varios minutos maltratándote, agachas la cabeza y vas hasta la entrada con lo último que te probaste.

01 agosto, 2010

Veinte.

Me gustaba el olor de tu piel, y tus abrazos me sabían genial. No me cabía en la cabeza el poder vivir sin ti, ni siquiera me lo planteaba. Tenía la estúpida sensación de que, si alguno de los dos se marchaba, ése serías tú. Y me dolería muchísimo. Ahora, me he dado cuenta de que sufría demasiado por ti, por tu comportamiento o por tus palabras. He conseguido separarme de ti un poco y ver mundo sin que esté tu mano cogiendo la mía y, sorprendida, me he encontrado con que soy capaz de estar sin ti. Claro, pero éso no significa que haya dejado de amar tu perfume ni tus brazos rodeándome.