Miles de voces en mi cabeza me gritaban de nuevo aquella frase que, hacía mucho, no repetían.
'Huye. Porque aquí no haces nada, porque molestas. Apártate del camino de los demás'.
Temía convencerme a mí misma, con mi estúpida debilidad y mi mente aburrida empeñada en hacerme la vida imposible. Y lo peor es que las creí, me di cuenta, otra vez, que ellas tenían razón, que era imposible luchar contra mis propias ideas, que me machacaban cada día y, al final, siempre ganaban la partida.
07 junio, 2010
Nueve días.
Estoy ligeramente melancólica, con cierto sabor amargo en mi corazón. Se dice que el éste sólo se rompe o brinca de alegría. Pues el mío no es así, él no se fracciona, únicamente quema, arrasa todos los huecos de mi cuerpo mandando sangre ardiendo. No creo que sea por amor, esta vez no. Sinceramente, opino que está falto de algo, pero todavía no sabe qué. Es muy indeciso, y le gusta llevar las cosas al límite, esperar a que las preguntas se resuelvan en el último minuto que les queda para morirse de estrés y tristeza. Quizás esté, como decirlo, exagerada, aburrida, insustancial, agresiva, llorona, estúpida. Sin embargo, me encuentro mejor a mí misma así, con mi soledad encima y mis piernas temblando de miedo. Temo el avión, la sonrisa de bienvenida, los buenos días y, sobretodo, perder algo que se quede aquí, me da igual el qué. Deseo saber que cualquier cosa se quedará para cuando yo venga, en su sitio, sin moverse, sin alterarse.
Walk In The Sun
Subí el volumen y me enfrasqué de lleno en las letras, en esas maravillosas palabras que soltaba un tal Danny Jones. ¡Qué razón tienes! Cuánto camino por recorrer sin saber a dónde vamos. ¿Y por qué llevamos esta maldita piedra en el zapato, que cada vez que pisamos, duele más? Enséñame con tu voz a quitarla, a ir descalza y que los pies no me quemen al pasar por una arena que lleva toda la mañana a cuarenta grados celsius. Tú tienes algo en común conmigo. Nos gusta dar paseos hacia ninguna parte, debajo del Sol, que nos reseca la piel y nos da razones para quedarnos cerca de un oasis. Claro, que también puede ser que lo escribas para que cuatro niñas locas te sigan a través de tu estúpida carretera.
05 junio, 2010
Diviérteme, entretenme, pero no me dejes pensar en Canadá.
Cada vez tengo menos ganas de despegar los pies del suelo y echar a volar. Porque, ahora, hasta las discusiones saben dulce. Los besos se hacen insoportablemente necesarios y los abrazos son la razón por la que sigo aquí, recorriendo los días que me quedan anclada a mi mundo. Mi pequeño, asqueroso, estúpido y torpe mundo que, últimamente, se ha tornado mágico, maravilloso, increíble. Ha girado todo para formarse una especie de utopía iluusoria que no hace más que generar espejismos en mi mente que me permiten enumerar las cosas que perderé con ese avión. Sin duda, de todas esas insignificantes razones para quedarme, la que más daño va a hacerme, va a ser el no ver tus ojos con el brillo de la playa un día de irresistible Sol.
Salta conmigo.
Encontraba esto innecesario, un trámite que se podía saltar, como pasamos aquella valla para correr por ese campo que se nos antojaba increíble, de un verde que todavía brillaba recién cortado, con el rocío sobre él. Todo una burda utopía, una ilusión, una estúpida idea metida en nuestra cabeza. Y únicamente porque tenía sabor a prohibición, a libertad. Nos descalzamos y nos metimos de lleno entre las margaritas que comenzaban su despertar. ¿Por qué no hacerlo otra vez? ¿Por qué no me das la mano y damos el paso juntos de nuevo, aunque sea un obstáculo más grande, en busca de lo que perdimos hace días en el mismo lugar?
02 junio, 2010
Filosofía
Creemos en un todo que se acaba convirtiendo en eso, en un terrorífico nada. Porque nos fallan, nos desilusionamos y vemos la verdad que hay tras ese espejismo montado para que seamos capaces de llevar la contraria a nuestra cabeza, sólo para seguir un ilusorio impulso de nuestro corazón, que se guía por palabras que se lleva el viento y por su fanatismo a las cosas improbables, pero nunca imposibles. Porque, ¿quién no ha creído en algo que no se demuestra y tampoco es posible de explicar? Di que no has tragado una mentira porque no te gustaba cómo sonaba. Dilo, y te diré cuántas personas te creerían. Y no porque opinen que sea una invención fácil de desmontar, sino porque ellos, en el fondo, saben que también estimaron esa falacia como veraz en algún momento del camino.
Mi escondida felicidad y tu sonora sonrisa
¿Sabes que nunca, jamás, nadie me había hecho sonreir como tú lo has hecho? Porque vienes, con tu optimismo, me dibujas una sonrisa en esta cara de idiota que no sabe disfrutar de la vida, la pintas y te vas, tiras la piedra y escondes la mano, para que parezca que tú no has tenido la culpa. Sin embargo, siéntete culpable, porque tú eres el que reanima a suspiros a mi escondida felicidad.
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